El reto

Nos buscaron pidiendo «una página más moderna». En la primera reunión quedó claro que el sitio era el síntoma, no la enfermedad: recibían visitas, pero casi todas las cotizaciones que pedían eran de proyectos pequeños, mal presupuestados y a kilómetros de lo que el estudio sabía hacer.

Su portafolio mostraba cincuenta obras ordenadas por fecha, sin contexto ni presupuesto. Un cliente corporativo entraba, no encontraba nada parecido a su caso y se iba. Uno particular entraba, veía una casa bonita y escribía pensando en un precio que el estudio jamás podría cobrar.

No tenían un problema de diseño. Tenían un problema de a quién le estaban hablando.

Lo que encontramos

Antes de tocar nada, revisamos dos años de analítica, entrevistamos a cuatro clientes anteriores y leímos los correos que llegaban por el formulario. Tres cosas saltaron de inmediato:

La estrategia

Decidimos dejar de mostrar obras y empezar a mostrar decisiones. Reordenamos el portafolio por tipo de cliente —vivienda, corporativo e institucional— y pusimos el proceso al frente: cómo trabajan, qué preguntan antes de dibujar, cómo controlan el presupuesto.

También tomamos una decisión incómoda: publicar rangos de inversión por tipo de proyecto. El estudio se resistió durante una semana. Fue lo que más impacto tuvo, porque filtró a quien nunca iba a poder contratarlos y dio confianza a quien sí.

Antes

Portafolio cronológico de 50 obras sin contexto.

Sin mención al precio ni al proceso.

Formulario genérico de tres campos.

Después

12 casos seleccionados y ordenados por tipo de cliente.

Rangos de inversión y proceso explicados.

Formulario que pregunta escala, terreno y plazo.

Qué construimos

Una identidad más sobria, un sistema de fichas de proyecto reutilizable y un sitio de siete páginas que el equipo puede actualizar solo. La sesión de fotos se rehízo con criterio: menos renders de catálogo, más obra real y detalle constructivo.

Entregables

Lo que aprendimos

Publicar precios asusta a todo el mundo hasta que se hace. En este caso redujo a la mitad las conversaciones que no llevaban a ningún lado y subió el tamaño promedio de los proyectos que entraron.

También confirmamos algo que repetimos siempre: un portafolio no es un archivo de todo lo que has hecho. Es una selección argumentada de lo que quieres volver a hacer.